¿Ministerio Impuesto o Ministerio familiar?



Cuando Samuel y yo éramos novios, me habló del deseo de servir en Compa Jalisco y completar lo que desde un inicio fue el motivo de venir, oré y le pedí a Dios dirección; se venía a mi memoria una y otra vez el pasaje de Rut 1:16, ya se lo había dicho desde que empezamos a salir, pero se hizo más vivo cuando confirme que a donde él fuera, yo también iría.

Unas semanas antes de casarnos, se acercó una persona cercana a los dos a decirme que no fuera ingenua, que no me casara y me viniera a Jalisco, que de amor no se vivía; sí, me impactaron sus palabras, pero Dios nos seguía confirmando el venir acá. Y ahora que termina este tiempo, sigo convencida de que fue la mejor decisión, para nuestro matrimonio, para nuestra familia, para mí. Aún recuerdo mis primeros días aquí, las visitas a las células, donde me hicieron sentir en casa, las primeras amistades fueron en una célula, nunca olvidaré eso; con la llegada de Grecia bebé, las cosas cambiaron, pero siempre fue un gusto para mí ver a los estudiantes, poder charlar con ellos, y cuando se podía, seguir visitando las células. Fue una alegría que no puedo describir, cuando Samuel me decía que algún recién egresado quería ser asesor voluntario. Viví con él los momentos felices, los momentos de frutos; pero también me tocaron las luchas, las amarguras, las lloré con él y reforcé la oración, porque sabía que era lo único con lo que lo podía apoyar. La economía fue otra situación muy frustrante, pero también milagrosa; cada vez que parecía que el mundo se nos venía encima, Dios a través de alguien nos recordaba que no se había olvidado de nosotros, también fueron momentos de llanto, un llanto que limpiaba todas las dudas, penas y confusión. Ha sido una experiencia indescriptible, por todos los momentos que sé, en ningún lugar podré repetir, todas las personas que conocí, ver a los estudiantes crecer, no sólo espiritualmente, sino ahora que son profesionistas/asesores, entre otras muchas cosas le agradezco a Dios el haberme permitido venir a vivir aquí y ser la esposa de un asesor.
Ahora puedo decir que de amor sí se vive, pues en estos cuatro años hemos vivido del amor de Dios, 
¡lo he comprobado!


Grecia N.



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